Off Course - Blog - El sentido - Diseño antifrágil - ¿Cómo se adapta una marca a un cambio de contexto?

Las nuevas oportunidades

No estoy muy acostumbrada a “soltar” historias personales fuera de mis círculos (aunque tengo que decir que en ese terreno soy imbatible).

Aún así, quiero compartirlo, porque son los datos que avalan hasta qué punto el tema que hoy traigo nos es tan habitual como desapercibido.

Siete semanas después del inicio de este confinamiento puedo decir que me siento una de las personas más afortunadas del mundo.

Todo lo que esta crisis pueda haberme arrebatado no es ni la sombra de lo que podría haberse llevado por delante. Y es que cuando no llevábamos ni 48 horas confinados, mi familia empezó a acusar algunos de los síntomas de este virus.

A todos nos han dicho que no nos preocupemos, que esta enfermedad solo perjudicará a la población de riesgo. El problema es que este alivio no aplica cuando una persona de tu hogar, en este caso mi pareja, pertenece a este colectivo.

Uno de los médicos con los que hablamos llegó incluso a decirnos que si se infectaba “todo sería cuestión de horas”.

En ese escenario solo pudimos esperar, contando los minutos y al llegar la noche los días. Esperando que al final se tratara de un proceso paralelo o en el caso contrario, que no fuera más allá.

Sin saber qué más hacer porque todos a quienes preguntamos nos dijeron que no se podía hacer nada.

El choque de valores

Se acabó mirar la realidad desde la barrera.

En esos momentos, instintivamente, empecé a revisar mi vida al completo. ¿Lo que más me sorprendió? Todo lo que valoré y temí perder no hubiera estado en ninguno de mis recuentos la semana anterior. 

De hecho, ni me habría permitido compartir algo tan íntimo en un artículo.

Esta crisis empezaba para mí sin medicamentos ni remedios (como para todo el mundo), pero sí con una re-vertebración de valores que se ha convertido en mi nuevo sistema inmunológico físico, personal y profesional.

Por eso hace unos días publiqué un artículo en el que revisaba cómo los valores que dirigen nuestros pensamientos y acciones a menudo son también nuestros habituales ladrones de valor.

Y eso es un muy mal hábito

Si algo tienen los hábitos es que son tan habituales que a menudo olvidamos que están ahí. Desaparecen de nuestra atención y se camuflan en nuestra normalidad tan sutilmente que es difícil percatarse de todo lo que se llevan por delante.

Los hábitos son estructuras complejas. A menudo, el hábito al que reprochamos algo no deja de ser más que el último eslabón de una perversa cadena de ellos. En concreto, en el artículo referido hablaba del mal hábito de no esperar nunca, bajo ninguna circunstancia.

Somos una sociedad que impone la agilidad por encima de todo, aunque tenga que ser a golpe de automatización indiscriminada.

Entiéndeme, no estoy en contra de la agilidad. Al contrario. En nuestro estudio trabajamos constantemente para que los procesos, también los creativos, sean cada vez más ágiles. Y estamos encantadas con los resultados obtenidos. Por eso continuamos investigando y perfeccionando esta vía.

Pero no podemos confundir la agilidad con una reacción aprendida que contínuamente se interpone entre lo que queremos y lo que finalmente hacemos. Para entendernos, no podemos convertirnos robots y que nuestra programación limite sistemáticamente nuestra comprensión y capacidad de adaptación.

Tenemos que encontrar las vías para desvincular la agilidad de un mal hábito. Así es como abrimos un proceso de acercamiento a la realidad que no tiene límites.

Vivimos rodeados de soluciones

Por primera vez en mucho tiempo podemos mirar la normalidad desde la distancia.

Esta situación nos ha dado la lucidez, o al menos la obligación urgente, de atender a la información que nos rodea. Como si nos hubieran salido unas antenas dispuestas a captar las señales que nuestro entorno nos lanza.

Si ahora nos damos la oportunidad de detenernos, de inspirar, de inspirarnos podremos empezar a entender lo que la vida nos propone a través de nuestras circunstancias.

La normalidad, el nuevo temazo

Hasta ahora no había sido algo lo suficientemente raro, extraño y alternativo como para poder revisarla con la objetividad e imparcialidad con las que hoy lo hacemos.

No sabemos cuánto durará. Y sí, es un problema, porque eso de cambiar la normalidad de la noche a la mañana y sin muchas alternativas a la vista suena bastante a problemático.

Pero como todos los problemas habrá que exprimirlo el tiempo que dure (hablando siempre en términos creativos, claro). Es el momento de entender qué podemos construir.

¿Esto que quiere decir? Que tendremos que averiguar qué retos tenemos que elegir para adentrarnos en caminos que hasta ahora no sabíamos ni que existían, en los que se encuentran oportunidades que ahora ni imaginamos.

Y eso ¿cómo se hace?

Responderé con otra pregunta: ¿cómo lo hacemos los creativos y qué sacamos de ello?

Pues aprendiendo a atender. De diversas formas y, hablando de hábitos, muy habitualmente:

  • Trabajamos nuestro pensamiento para atender a todas las señales de las que habitualmente los procesos lógicos nos privan.
  • También trabajamos con herramientas y metodologías como el design thinking que nos permiten revisar nuestro entorno desde diferentes ángulos.
  • Y mediante procesos laterales que nos permiten atender nuestro entorno de formas completamente ilógicas.
  • Y sobretodo, aprendiendo a parar, a mirar y a inspirar. A perder la noción del tiempo. Por contraproducente que parezca, es algo muy productivo. Nos perdemos en la realidad y así nuestra mirada transforma la percepción que teníamos de ella.

En concreto el branding, el área que domino porque es en la que trabaja nuestro estudio Off Course, consigue a través de estas estrategias llegar a los valores reales de cada marca.

En otras palabras, separar el grano de la paja, los valores habituales que hemos dado por buenos de los valores verdaderos. Y en consecuencia, distinguir entre el sentido de la marca de sus objetivos más urgentes. Lo que en términos habituales venimos llamando futuro vamos.

Por eso una buena estrategia de branding tiene que proponer no solo estrategia al negocio, sino sentido.

A veces una situación concreta nos dice que los valores nos están desviando del sentido. Por eso he escrito este artículo. Para recordarnos que en ese momento solo tenemos que parar, atender y, si queremos utilizando las herramientas creativas precisas, volver a él.

Sobre este artículo:

“Las nuevas oportunidades” pertenece a una serie de artículos en torno a la necesidad de convertir nuestras marcas en antifrágiles. Hablando mucho de la vida, es cierto, porque las marcas se parecen cada vez más a las personas. Y aprendiendo a pensar diferente para permitirnos recibir el futuro.

Y sobretodo, con el propósito de que estas reflexiones sirvan en otras áreas personales y profesionales. Porque son días para pensar juntos y colaborar en la construcción de un nuevo y posible futuro.